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Los soft skills no son mi fuerte — te lo juro. Pero hubo un tiempo en mi carrera donde uno en particular me enseñó más de lo que esperaba.

En algún punto una soft skill que en un lugar era esperada y valorada, en otro generaba rechazo e indiferencia.

La única diferencia entre ambos entornos era el lugar, porque yo venía de trabajar con personas sumamente proactivas y con un nivel técnico mucho más alto. No trato de ser grosera con nadie — es la percepción que tuve y que tengo.

Lo que se siente cuando el nivel es alto

A mi memoria vienen mucho los recuerdos de trabajar en una consultora tecnológica. Si bien el equipo y proyecto eran internos, la neta es que había personas con el mismo seniority que yo y, que honestamente, eran balas programando. Ya había tenido experiencias así en trabajos anteriores, pero algo ahí se sentía diferente. No era solo el nivel técnico — eran personas muy seguras de lo que sabían y también de lo que no. Daban ideas, proponían soluciones. El entorno premiaba eso y nos empujaba a hacerlo.

La proactividad no era un rasgo especial — era simplemente cómo se trabajaba.

En este contexto tomé un rol que para mí era enorme. Ya había liderado equipos pequeños antes, pero este era más exigente: no solo se esperaba delegación y priorización, se esperaba proponer mejoras reales a la plataforma. Al ser un proyecto interno había espacio para aprender en algo real, proponer, equivocarse. Mi manager me empujaba a más: mejor gestión de los recursos, propuestas de valor, decisiones propias.

En ese momento yo lo vivía como exigencia que no podía cumplir. Me autoexigía tanto que no podía ver que él me estaba dando espacio para crecer, no presionándome para que demostrara algo que ya debía tener.

Lo que él veía en mí, yo no lo veía todavía.

Creo que esa es una deuda que tengo — no porque el espacio no me haya permitido hacer cosas, sino porque el espacio lo permitía, mi manager me alentaba, y yo no me animaba del todo.

Lo que se siente cuando el nivel no lo es

Después estuve en un entorno diferente. Mismo perfil técnico de mi parte, misma forma de trabajar, misma actitud.

Las ideas eran rechazadas. Los comentarios sobre mi seniority eran despectivos. En reuniones se me ignoraba. Lo que en ese entorno era autonomía y criterio, ahí se leía como otra cosa — nunca quedó del todo claro qué, pero el efecto era consistente.

No cambié. El entorno sí.

Aprendí que no todos los espacios tienen la misma tolerancia al criterio propio. Y que a veces la señal más clara de que un lugar no es para ti no es un conflicto — es el silencio cuando propones algo.

Lo que entendí

Cuando todo el mundo en un equipo opera con autonomía y seguridad técnica, nadie lee la proactividad como amenaza — porque es la norma. No hay nada que proteger, no hay jerarquía informal que defender, no hay ego que cuidar. Creo que el nivel técnico alto no es solo una ventaja para el producto, sino que expone lo mejor de los desarrolladores, aunque estos, como yo, no lo crean en su momento.

Cuando el nivel no es parejo, o cuando la cultura está determinada por otra cosa menos que profesional, la dinámica cambia. Y la persona que llega con criterio propio puede volverse incómoda sin haber hecho nada diferente.

No tengo la respuesta. Pero sí sé que en esos entornos proteger tu energía y tu criterio es lo primero — aunque no puedas irte todavía. Quizás la respuesta no es una sola: depende de cuánto puedes aguantar, de cuánto te cuesta quedarte, y de qué opciones tienes realmente

En mi caso pude migrar a uno de los proyectos más chidos de mi carrera dónde crecí un montón y dónde mi proactividad nunca, volvió a ser un problema.

Y repito: no siempre es posible simplemente irse. Hay cuentas que pagar, contextos que no se eligen. Eso es una conversación más larga que esta entrada.

Me gustaría abrir la reflexión colectiva

¿Si no me puedo ir, entonces qué hacer?